Bautiza tu método: 5 fórmulas para poner nombres que venden
Pon nombre a tus cursos, métodos y bonus
Este contenido forma parte de Biblioteca Viva: mi arsenal de mini-métodos semanales, con un prompt final que ejecuta todo por ti.
Cali, Colombia. Mediados de los 90.
Un instructor de aeróbic llega a su clase de la tarde y mete la mano en la mochila.
Las cintas de música no están. Se las ha dejado en casa.
Delante tiene a 20 personas en mallas esperando a sudar.
Rebusca y encuentra lo único que lleva encima: sus cassettes de salsa y merengue. Los del coche.
Improvisa la clase entera con esa música.
La clase se peta.
La gente repite.
Corre la voz.
El tipo se llama Beto Pérez y durante años vende su invento con un nombre que se sacó de la manga: Rumbacize.
Rumba + Jazzercise. Un Frankenstein.
Con ese nombre, la cosa más o menos funciona.
En 2001 se muda a Miami, conoce a 2 socios y rebautizan la criatura:
Zumba.
Con el nombre nuevo, la empresa llegó a presumir de 15 millones de personas a la semana moviendo el culo en 180 países.
Hoy quiero hablarte de la parte de tu negocio que llevas años ignorando: los nombres.
El impuesto de lo genérico
Ahora mírate a ti.
“Mi curso de no sé qué.”
“Sesión estratégica de 60 minutos.”
“Bonus 1: pack de plantillas.”
Nombres de funcionario.
Cada nombre genérico de tu negocio te cobra 3 impuestos, todos los días:
Impuesto 1: te pueden comparar.
“Curso de copywriting” compite en Google contra otros 4.000 cursos de copywriting. Y cuando todo se llama igual, se compara por el precio.
RoboCopy compite contra nadie. Es una categoría de 1. El precio lo pongo yo.
(Sí, suena chulesco. Es que lo es.)
Impuesto 2: no te pueden recomendar.
Tu mejor comercial es un cliente contento hablando con un colega.
“Me apunté a una membresía de marketing muy buena” no es memorable
“Hazte un Revel” es mucho mejor que “hazte un renting”
Impuesto 3: tienes que explicarlo todo tú.
Un buen nombre vende antes de que abras la boca. “El Sectómetro” te hace pensar “¿y eso qué coño es?”.
“Checklist de revisión de marketing”, te hace dormir.
Las 5 fórmulas del bautizo
Llevo años bautizando de todo: cursos, bonus, newsletters, hasta las secciones de esta Biblioteca. Casi todos los nombres que funcionan salen de estas 5 fórmulas.
Fórmula 1: El Género Robado
Coge algo que todo el mundo tiene en la cabeza y móntalo encima de lo tuyo.
El Netflix de Javi: mi zona de cursos por temporadas. Con el nombre ya sabes cómo funciona: entras, eliges, te das el atracón. No hace falta más explicaciones.
RoboCopy: RoboCop + copywriting. Una máquina imparable de escribir textos.
Aviso: hay géneros tan robados que ya no valen. Desde 2015 todo es “el Uber de algo”. Roba de sitios menos vistos: series, electrodomésticos, videojuegos, dibujos de tu infancia.
Fórmula 2: El Personaje
Un personaje conocido cuyo superpoder coincide con el mecanismo de tu método. Él carga con el 80% de la explicación.
El Método Colombo: la pregunta que remata cuando el lector ya ha bajado la guardia.
El Sr. Lobo: limpiar marrones (objeciones) como quien limpia un coche con un cadáver dentro.
Marie Kondo hizo esto consigo misma: bautizó el acto de tirar trastos (”Método KonMari”) y montó un imperio con serie en Netflix incluida. Doblando camisetas.
Fórmula 3: El Aparato
Convierte la idea en instrumento: -ómetro, detector, máquina, radar, kit, botiquín.
El Sectómetro: el checklist que mide cuánta secta hay en tu marketing.
Una idea abstracta da pereza. Una herramienta da ganas de cogerla y apretar botones.
❌ “Pack de 30 plantillas de email”
✅ “Pack Primeros Auxilios: 30 emails para cuando no sabes qué enviar”
Fórmula 4: La Enfermedad
Ponle nombre al problema y serás el dueño de la cura.
Las “emociones de Mercadona”: adjetivos de marca blanca que no venden.
El médico que bautiza la enfermedad se queda con el paciente de por vida.
Fórmula 5: La Promesa con Apellido
El resultado de tu campo + una palabra que jamás esperarías al lado.
Anuncios Dopamina. Marketing Sigiloso.
“Anuncios que funcionan” se olvida. “Anuncios Dopamina” te hace preguntarte qué pinta ahí la dopamina.
El test del bar
Antes de tatuarte un nombre, pásalo por 3 filtros:
Se lo cuentas a un colega. Si lo repite bien a la primera, sigue vivo.
Si además te pregunta “¿y eso qué es?” con cara de interés, va ganando.
Si al día siguiente se acuerda del nombre (aunque haya olvidado los detalles), tienes ganador.
Si necesita que se lo deletrees, a la puta basura.
Un cuarto filtro rápido: búscalo en Google entre comillas. Si salen 400.000 resultados, ese nombre ya tiene dueño.
El Prompt Maestro “El Padrino”
Le he puesto El Padrino porque su único trabajo es bautizar criaturas.
(Y porque mientras tú bautizas, tu competencia genérica va cayendo. Como en la película.)


