¿Alguna vez te has pasado 3 horas editando un email de 200 palabras?
Yo sí.
Leyendo cada frase 47 veces.
Cambiando "muy bueno" por "excelente".
Después por "extraordinario".
Después otra vez por "muy bueno".
Es como esas tías que se arreglan durante 2 horas para ir al supermercado.
¿Para qué?
¿Va a venir Jacob Elordi al Mercadona?
Mientras tanto...
El tío que escribe "rápido y sucio" ya ha publicado 5 posts.
Ha generado engagement.
Ha conseguido clientes.
Ha hecho dinero.
Y tú sigues debatiendo si "impresionante" queda mejor que "increíble".
¿Cuál es el problema?
Crees que la gente va a juzgar cada coma.
Que van a analizar tu gramática con lupa.
Que van a pensar "este email tiene un gerundio mal colocado, mejor no compro nada".
Pero la realidad es esta:
Tu audiencia lee tu contenido mientras hace otras cosas.
En el metro.
Entre reuniones.
Mientras desayuna.
No están haciendo una tesis doctoral sobre tu prosa.
Quieren valor, no perfección.
Quieren que les ayudes, no que les impresiones.
Pero tú sigues editando como si fueras Cervantes escribiendo el Quijote.
¿Sabes cuánto tiempo tardó Hemingway en escribir "El viejo y el mar"?
8 semanas.
¿Sabes cuánto tiempo se pasó editándolo?
2 años.
Estaba escribiendo una novela para la eternidad.
Tú estás escribiendo un puto email.
No es lo mismo.
Esta semana te revelo por qué editar debería ser lo que menos tiempo te lleve.
Y el orden perfecto para hacerlo en 5 minutos o menos.
—Javi
P.D.: Si tu último email te llevó más tiempo editarlo que escribirlo, tienes un problema de prioridades.