En 1835 un crío de 13 años se fue de casa.
No se llevaba bien con su madrastra, vivía en un pueblo del Jura, en el este de Francia, y decidió que se iba a París.
A pie.
Tardó dos años en llegar, porque iba parando a trabajar en lo que pillaba para comer. Cuando entró en París, en 1837, se metió de aprendiz en un taller que hacía baúles.
El crío se llamaba Louis Vuitton.
Mira.
Cuando alguien paga 2.000 euros por un bolso con sus iniciales, la lona y las costuras son lo de menos. Eso se fabrica en una tarde.
Lo que está pagando es ese camino. Y, sobre todo, poder contarlo cuando un cuñado le pregunte «¿y cuánto te ha costado eso?».
Tú tienes historias así. Todos las tenemos: cómo empezaste, quién te enseñó, de dónde sale lo que vendes. Lo que pasa es que a ti te parecen normales y no las cuentas, y mandas al cliente a la cena sin munición.
Hoy se desbloquea el Capítulo 4 de Caro de Cojones, y va de eso: de darle a tu cliente una historia que contar cuando enseñe lo que te ha comprado.
Dentro:
El señor que lleva más de 20 años pintando a mano una raya en cada Rolls-Royce con un pincel de pelo de ardilla, y por qué una máquina que lo haría mejor y en un minuto no le va a quitar el trabajo jamás.
Las tres historias que vende cualquier marca de lujo. Solo tres, y tu negocio ya tiene las tres aunque nunca las hayas contado.
Por qué el tonto que te pregunta «¿cuánto te ha costado eso?» es el mejor vendedor que vas a tener, si le das con qué responder.
El animal que se esquila una vez cada dos años, da 250 gramos de lana y sostiene abrigos de 20.000 euros.
La panadería que abrió en Dubái y se llevó en una maleta lo único que no se puede comprar.
El error que convierte tu historia en un folleto (y la regla de un número y un nombre para que no te pase).
Más el prompt del capítulo, que te entrevista, te saca las historias que ya tienes y te escribe la frase que tu cliente va a decir cuando le pregunten cuánto le ha costado.
→ Accede al Capítulo 4 y dale a tu cliente algo que contar
Nos vemos dentro.
Javi

P.D. La semana que viene, Capítulo 5: El spa de gafas. Limpiar unas gafas es gratis. Llevarlas al «spa de gafas» cuesta dinero, y es lo mismo.


