He empezado a subir vídeos a Instagram.
Sin plan.
Aquí te pillo, aquí te mato.
Salgo a dar mi paseo por la playa, antes de ponerme a trabajar o a mediodía, saco el móvil y hablo de lo que llevo en la cabeza.
Una reflexión de marketing, de ventas, de lo que me parezca interesante ese día.
Y lo subo.
Sin gancho viral y sin editar.
Con el viento metiéndose en el micro y cara de mongolo.
Los voy a hacer mal. Ya lo sé.
Hombre, Javi, tú que te dedicas a esto. Un gancho en condiciones, una edición, algo.
Ya.
Si me pongo a buscar el gancho perfecto, grabo tres vídeos y lo dejo en octubre. Me conozco.
Así que he hecho lo contrario. Lo he puesto tan fácil que me da más pereza no hacerlo que hacerlo.
El paseo ya lo daba. El móvil ya lo llevaba. Las cosas ya las pensaba.
Ahora te digo por qué.
Al principio no los va a ver casi nadie. Me da igual.
Dentro de un año tendré 300 vídeos. Dentro de dos, ni te cuento.
Un vídeo regular todos los días es mejor que un vídeo perfecto que nunca grabas.
Es lo que pasó con mi negocio. Al principio no pasaba nada. Luego tampoco. Y un día, sí.
Los ganchos buenos y las ediciones ya vendrán solos.
Así que hago un trato contigo.
A final de año te cuento cómo va. Y en septiembre del año que viene, con los 300 vídeos hechos, te enseño los números.
Igual es un ridículo. También te lo contaré.
Me voy a dar el paseo.
—Javi
P.D. Por si quieres ver cómo se hace mal desde el primer día: https://www.instagram.com/listentogordon/
P.D. 2. Sí, la cuenta se llama listentogordon. Eso para otro día.



