Ayer, a las once y pico de la mañana, estaba cambiando las sábanas de la cama.
Un lunes. En horario laboral. Mientras media España entraba en su segunda reunión.
Y no era pereza. Bueno, un poco sí.
Es que estaba esperando a que Claude terminara de programar las publicaciones de la semana.
Ahora te lo explico, que suena peor de lo que es.
Hasta hace unos meses la IA me escribía cosas y yo las revisaba, las retocaba, las copiaba, las pegaba, las subía y las programaba. Todo el trabajo de chacha lo hacía yo, pero con el ordenador.
Desde que salió Opus 5.5 la cosa ha cambiado. Ahora le digo lo que quiero y lo hace entero: lo escribe, entra en la web, lo sube, lo programa y me avisa cuando está.
Tarda más. A veces 5 minutos, a veces 15.
Y ahí empieza lo raro.
¿Qué haces tú 15 minutos mirando una pantalla que pone "trabajando"?
Nada. Te levantas.
Pones una lavadora, sacas el lavavajillas, cambias las sábanas. Vuelves a la silla y está todo hecho. Lo suyo y lo mío.
Ya, Javi, muy bien, has contratado a un empleado y te ha mandado a fregar.
Pues sí.
Y es el mejor reparto que he tenido en mi vida.
Porque la cosa es esta: la IA no te regala horas, te regala huecos de 10 minutos. Y en 10 minutos cabe todo lo que llevas años diciendo que no te da tiempo a hacer.
Lo sé porque la semana pasada se me acabaron las tareas de casa (es un piso, no un cortijo) y me quedé de pie en el salón sin saber qué hacer con el hueco.
Así que me senté en el suelo y medité 5 minutos.
Algo que llevo toda la vida queriendo hacer y para lo que nunca encontraba el momento.
Resulta que el momento era mientras un ordenador programa tuits por mí.
Luego Claude avisa de que ha terminado, vuelvo a la silla y sigo. Con la mente en blanco y la lavadora centrifugando.
Javi

P.D. Hoy le he mandado una cosa de 20 minutos. Voy a limpiar el baño.
P.D. 2. Algún día te enseño cómo lo tengo montado. Cuando se seque la ropa.


