Hace nada, la IA no sabía ni hacer una multiplicación.
Era ridículo.
El 8 de septiembre, OpenAI anunció que la suya había resuelto el problema de Navier-Stokes.
¿El qué?
Yo tampoco lo sabía.
Es uno de los Problemas del Milenio, las preguntas de matemáticas más difíciles que existen, con un millón de dólares de premio cada una.
Va de cómo se mueven el agua y el aire, y llevaba unos noventa años sin resolver.
Con esas ecuaciones se diseñan aviones y se estudia cómo corre la sangre por el corazón, así que esto lo vamos a en cosas que todavía no sabemos ni nombrar.
Ahora te lo explico.
Cuando algo mejora así de rápido, pasa una cosa rara: no cambia nada, no cambia nada, no cambia nada, y de repente cambia todo.
Y entre medias va a haber una temporada, no sé si de meses o de años, en la que unos usan la IA y otros siguen mirando para otro lado.
Para los primeros va a ser facilísimo ganar dinero. A costa de los segundos, claro.
Es como haberle girado la cara a internet en 1998. O peor.
Ya, Javi, pero es que yo no me entero de nada.
Perfecto. Díselo a ella.
Ábrela y escríbele eso mismo: «No sé hacer nada, no me entero, explícame cómo te tengo que usar en mi trabajo».
Te lo explica con una paciencia que no tiene ni tu madre.
Luego prueba algo pequeño.
Que te ordene el correo, que te automatice esa tontería que repites todas las semanas, que te monte una skill.
Yo hoy la he usado para comprobar que lo de Navier-Stokes era verdad.
Y para que me explicara qué es Navier-Stokes.
La misma que hace nada no sabía ni hacer una multiplicación.
—Javi

P.D. Si ya la usas y no sabes por dónde seguir, respóndeme y cuéntame a qué te dedicas. Igual sale de ahí el email de la semana que viene.


