Un tipo que sabe de esto (y que tiene más dinero que un torero) escribió el otro día un texto que me ha dejado pensando.
La idea, resumida y en cristiano: se acabó lo de entrar en webs.
Ahora te lo explico.
Hasta hoy, para hacer cualquier cosa en internet hacías esto: manos en el teclado, escribes una dirección, esperas, te sale el aviso de cookies, lo cierras, buscas el botón, pulsas el botón, te sale otro botón.
Como neandertales. Pero con ratón.
Lo que viene, dice el tipo, es que tú hablas con tu agente y el agente entra en las webs por ti. Compra, reserva, compara, rellena el formulario y vuelve con el resultado.
Las tuberías de internet se complican. El grifo se simplifica.
Y teclear, dice, va a acabar como escribir a boli: algo que haces cuatro veces al año y con mala letra.
Él lo llama Internet 3.0. Yo lo llamo no volver a ver un aviso de cookies.
Ya, Javi, eso lo llevan diciendo desde que salió Siri.
Pues sí.
Pero esta vez tengo pruebas en casa.
La semana pasada te conté que ahora soy la chacha: que Claude me escribe el email, lo sube a Substack, lo programa y yo mientras tanto cambio las sábanas. Pues este que estás leyendo también lo ha subido él. Yo no he tocado el editor de Substack.
Y me pasa una cosa rara: cada vez que entro en una web a hacer algo a mano me siento como si estuviera mandando un fax.
Y ahora la parte que igual sí te interesa, porque va de vender: tu página de ventas la va a leer un agente antes que una persona.
Y a un agente no lo convences con un botón naranja.
De eso te hablo otro día, que da para mucho.
Hoy solo quería preguntarte una cosa: ¿tú has notado el cambio? ¿Hablas más con la IA de lo que tecleas? Responde a este email, que los leo todos.
Yo mientras voy a tender.
Javi

P.D. Sí, este email lo ha programado él. Y la imagen la ha hecho en Grok. Yo he puesto el lavavajillas.
P.D. 2. Lo del agente leyendo tu página de ventas, otro día. Que hoy es miércoles y hay colada.


